Carta renovada con respecto a mi última visita, ahora basada en un menú degustación propuesto por el chef o, alternativamente, dos menús decididos por el cliente mediante la combinación de los platos de la carta. Optamos por esta última fórmula y de las dos opciones, por el denominado menú 1900 a 36 euros.
Además, pedimos unas fantásticas bravas para empezar. Patatas buenas y bien hechas con una salsa con una textura similar a la del romesco. Muy buenas.
Y empezamos con la cena, rompiendo el hielo con un chupito de algo presentado como un mojito de sandía, demasiado dulzón para mi gusto. Nuestro particular menú lo compusimos con: una sopa fría de pepino con navajas (me dijeron que éstas algo sosas), un muy buen y sabroso canelón de pintada y una pizzeta -"no me llames Fabián llámame Paco"- de atún en sashimi con tomate que sirven acompañada de una gota de wasabi, gelatina de soja y un aceite picante (no tanto).
Como platos principales optamos por la dorada (psé-psé) y un buen rodaballo.
Bebimos un Chardonnay Mersault Les Meix Chavaux, de Franck Grux.
Antes de los postres tomamos los quesos (normalitos) y una crema de mimolette que escondía en su interior un bizcocho de zanahoria a la vainilla -no entendimos esa mezcla-.
De postres: una buena crema catalana, una rica tartaleta de manzana con horchata y un rico borracho con chocolate y helado de crema.
Buen café.
GT's en el XIX (Rocafort, 19)
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