A la vista de los anteriores comentarios (algo pasados de fecha) tengo la impresión de que deben haberse "actualizado" desde entonces.
Ciertos los referidos al clasicismo de su decoración, aunque no lo encontré tan "recargado" como cuentan y si con algunos detalles que agradezco (manteles y servilletas de lino en lugar de algodón y cosas así).
Vaya por delante que era un ágape -alrededor de los vinos que nos sirvieron- previamente concertado y estábamos los 8 comensales en un amplio y apartado reservado y muy bien atendidos por un equipo comandado personalmente por el sumiller (¿y uno de los propietarios?), un joven Chencho de sólo 29 años del que destacaría su buen hacer y el interés por el vino que demostró. La única crítica que rebuscando podría hacer en este tema sería que no todas las copas fueron las que dentro de "la ortodoxia" podrían haberse esperado, aunque en ningún caso desentonaron. Los vinos abiertos, presentados, en algunos casos decantados, cambio de copas y servicio atentísimo.
Menú largo y estrecho en consonancia con cada uno de los vinos que nos habían preparado:
Fino "viejo" La Panesa con hueva de atún y almendras fritas
Aunque luego el orden de vinos y comida se me escapa en algo, creo que fue mas o menos así:
Champagne Agrapart & fils rosée con anchoas con tomate raff y "papas" fritas (caseras y remarcables)
Champagne Dom Ruinart rossée del 90 (¡espectacular!) con jamón "Joselito"
Do Ferreiro cepas vellas del 07 (estupendo albariño pletórico todavía) seguido de un Donnhoff del 04 (no recuerdo cual de todos los riesling pero también estupendo) con arroz (seco) de verduras (por buscarle "un pero" tal vez algo aceitoso) y arroz meloso de pichón (muy bueno)
La lotería de la comida (y nos tocó el gordo), un Marques de Riscal de ¡1950! (abierto con todo el mimo y ceremonial con tenazas al rojo) que resultó toda una grata experiencia: vivo y magnífico, mientras nos preparaban en directo un steak tartare (suave y delicado) con patatas fritas que finalizamos con un Quinta do Vale Meao (no recuerdo la añada) también potente y fresco.
Renunciamos a la carne prevista ya que estábamos bastante "bien comidos" y terminamos con una selección de 6 o 7 quesos de varias nacionalidades (incluyendo el pecorino trufado que tanto "desmarcó" a algún comensal y a mi me encanta) que acompañamos de un blanco semidulce-dulce alemán de nombre impronunciable y que no consigo reproducir.
Colofón al festival unos magníficos GT's de variadas marcas según preferencias (para mí solo la ginebra: London especial con cubitos de flores de manzanilla) muy bien preparados y presentados.
Muy buena RCP (creo que los vinos nos los debieron servir "al coste" dada la selección) pese al precio que señalo.
Toda una experiencia y un descubrimiento el restaurante y sumiller que tendré que repetir.