El acceso para el carrito no existe, puesto que hay que bajar escaleras, de no ser que seas socio del club náutico y llegues en coche y te abran las puertas. Después de eso, el trato excelente, la mesa muy elegante, las vistas excepcionales, manzanilla y sin alcohol para abrir el apetito. De entrantes, pues de sasimi con soja, y de porra antequerana. Primeros de croquetas de pollo de corral, jamón, de lubina, ummm. Raviolis rellenos de aguacate y queso de los montes y caviar negro al aceite de trufa, sublimes. Los regábamos con IDRIAS 06, más que normal este vino con la de puntos que lo han ensalzado. Finalmente solomillo de buey al carbón con crema de patata, al punto y 10 puntos se lleva, y lomos de sardina, algo maridados y crudos, pero con buen sabor. Terminando con 2 postres de luna llena(choco blanco, plátano) delicada pero algo compacta. Sorbete de cítricos con tierra y cremoso de choco son conjunción de sabores buscados. Un encanto de lugar. Lavazza fino y 45 euros por persona. Se puede pedir más.............SIIIIII. Volver!!
Dará de si en las noches de verano y en los eventos privados, seguro que si.
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