José y su mujer siguen en la misma línea de progresión de los últimos años y han logrado fidelizar la clientela y doblar mesas incluso en estos fines de semana de "temporada baja". Todo ello teniendo en cuenta que estamos hablando de unos salones con capacidad para más de 70 comensales, calculo yo. Los comedores, el jardín chillout de la entrada, la zona de barra... con los años se ha montado un pedazo de restaurante allí donde hace poco solo había un restaurante de playa. Loable. Tales avances han ido parejos a mejoras como las cartas impresas, las sugerencias fuera de ella, una buena oferta de vinos, un servicio eficaz y experimentado... Un negocio como debe de ser llevado, sin excentricidades pero con inquietud constante.
Domingo soleado para una comida entrañable con un amigo. El parking abarrotado nos prepara para aquello que encontramos dentro, mesas que ya se levantan (son casi las 15:30) y gente que espera en la barra para ser acomodada. Pero todo ello sin agobios ni dar la sensación de prisas y de querer "exprimir la gallina de los huevos de oro". La carta más completa aún: ahora varios pescados salvajes: gallo de san pedro, sargo, escorpa, lubina... Habrá que probar.
- Navajas (4 a 1,90 la unidad): enormes de tamaño y de sabor. Una preparación perfecta, en plancha pero sin pasarse ni un ápice, igual de tiernas en su interior como en la cobertura (aquello que se reserca en tantos otros lugares, o aquí mismo hace unos años). Chapeau!
- Hueva de sepia (6 unidades: 8 €): quien no las haya probado que no deje de hacerlo. Se trata, EMHO, de un manjar. Nuevamente un punto acertadísimo y una presentación espcetacular con "lágrima" de allioli "normal" y otras pinceladas de un allioli negro espectacular en cuanto al sabor y al efecto visula. Nivelazo.
- Arroz negro: Servido en la paella al centro de la mesa atendiendo nuestra petición: soberbio en cuanto a fondo, grosor de la capa de arroz y punto del mismo. Ración abundante (casi da para tres tragones).
Hemos pedido una fanta, un sauvignon blanc muy económico (Vega deo = 10 €) y dos cafés. La carta de vinos contempla gran variedad de espumosos y blancos. Tintos también haylos. Son referencias "de rotación" pero se agradece no ceñirse a 7 u 8 únicamente como otros restaurantes del estilo. Copas Ok y servicio en cubitera.
El único pero que no me gsuatría que a nadie le sorprendiese (a mi no me molesta) es la proximidad entre mesas. Uno se puede levantar y sentarse cómodamente, entiéndanme, pero tal vez haya quien se sienta molesto cuando la mesa y especialmente la conversación carece de intimidad.
Para mi, muy muy recomendable en comidas y cenas por la zona.