Tenía ganas de escribir bien sobre este restaurante tras la decepción de su apertura. Debo admitir que he estado muchas veces , pero siempre en comidas multitudinarias o en otros momentos en los que era difícil poner atención. En esta ocasión , en plenas facultades y con atención extrema , reconozco un buen restaurante, donde todo ha mejorado. Mejora el servicio, con una buena , atenta, experta y eficaz directora de sala. Mejora el servicio del vino, también la carta (amplia y versátil, aunque faltan dulces a fecha de hoy). Pero sobre todo se asienta y mejora la comida , por fin en cosonancia a la capacidad del chef. Una cocina sustanciosa, con carácter, sin excesos de salsas o jugos añadidos innecesarios o extraños. Una cocina para disfrutar , tendente a lo tradicional, al guiso, pero con matices delicados y sutiles. Los tres entrantes , los espárragos a la brasa , las alcachofas y sobre todo las habitas con papada y langostinos estaban riquiísimos, con poderío, potentes, pero sin excesos o brusquedades. Pantagruélico cochinillo asado, comparable y no es fácil, a los de Segovia, crujiente, sin perder sabor, en su punto justo. Atún rojo, casi crudo, a la japonesa, excelente producto, magnífico. El local siempre me ha gustado , junto a Aizian , de lo mejor, confortable, cálido, cómodo. Disfruté, mucho...y luego a la terraza , calro¡¡
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