No sé si tres , pero desde luego que su macarrón , es merecido. Un tanto aislado y con un aspecto no muy atractivo por fuera , la cosa cambia por dentro . Encontramos un local amplio y luminoso , perfectamente organizado y dirigido por su directora de sala que parece ejercer un control absoluto , certero y eficaz en todo. La carta de vinos digitalizada es más que suficiente , muy explicativa y descriptiva y algo subidita de precio. El servicio de los mismos es correcto y la directora de sala, también en esto , complementa y armoniza con más información la suministrada por la propia carta. La cocina ahonda en la cuina catalana. Resulta sabrosa, equilibrada, gustosa e intensa. Sin aspavientos ni excentricidades ,se trata de una cocina más bien clásica , que satisface , convence y nos deja una buena sensación desde el principio hasta el fin del menú de 110 euros. Mereció la pena el sufrido y largo viaje e incluso la sufrida y larga vuelta
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