Durante un paseo familiar por esta bonita zona del centro decidimos comer en este local, que ya conocíamos de haber tomado unos vinitos en otras ocasiones. Mesa para cuatro adultos y una peque en el salón más íntimo, apartado de la "plazoleta" central de la entrada. El local ya se ha descrito suficientemente en otros comentarios, mesas con la distancia justa y apenas un mantelito individual y servilletas, ambos de papel. Fuimos atendidos por una camarera profesional y muy amable, encantadora con la pequeña. Como detalle de la casa para abrir boca, unas lentejas cremosas y muy conseguidas. Deberían mejorar el recipiente, unas cazuelitas de plástico.
Pedimos, a la carta, un picoteo al centro:
- Croquetas de jamón y de gambas, muy gustosas.
- Cecina aliñada, con un aceite algo punzante. Muy bien.
- Entresijos sobre pan tostado y pisto. Bien.
Como principales unos pedimos pescados o carnes y otros se decidieron por platos que más bien eran entrantes, pero ya se sabe, la casquería madrileña "tira mucho".
- Mollejas de cordero, según comentaron, bastante correctas.
- Soldaditos de Pavía. Excelentes, meloso el bacalao en un rebozado liviano y muy crujiente.
- Merluza de pincho con verduritas. Gran calidad, punto muy logrado, aunque la ración algo exigua.
- Secreto, del cual cambiaron el acompañamiento de puré de pera por guarnición de patatas fritas. Carne sabrosa y muy bien de punto.
Para la peque pedimos uno de los primeros del menú del día, una generosa y rica ración de arroz a la cubana, que tuvieron el detalle de facturar a sólo 5 €.
Como postres, bola de helado para la peque, una tarta de Santiago que sirvieron acompañada de sorbete de mango y a mí me llamó la atención en carta un "flan de queso azul", que, aunque con textura de tarta, tenía gran sabor, acompañado de una copa de PX.
Nos decidimos por un Gewurztraminer de Alsace, Engel Tradition 2009, floral en nariz y elegante en boca (18 €). Descorche y cubitera anclada a la mesa, muy útil para servirse uno mismo. Copas Riedel, pequeñas para mi gusto.
Todo lo citado, más agua mineral, pan, 3 cervezas y 3 cafés, total de 138,25 €. Para el precio por persona, descuento el plato, pan y postre de la peque (9,50 €) y divido entre los 4 adultos. A mejorar el café, bastante malo.
Se va uno satisfecho de un local sencillo, sin pretensiones, con cocina bastante correcta, buena oferta vinícola y una calidad/precio destacable. Muy bien atendido, incluida charla con el sumiller sobre Gewurztraminers y Rieslings.