Nos acercamos a este restaurante (previa reserva, claro) un sábado por la noche para cenar, 4 personas. Cuando llegamos había ya varias mesas ocupadas. El local, como ha comentado algún forero anteriormente, es bastante oscuro, apto para una cena romántica, pero tampoco era mi caso. El suelo del local da la impresión de ser reaprovechado de su etapa anterior.
Nos tomamos unas cañitas de aperitivo para lo que nos pusieron un snack que no reconocí y que no aportaba nada. Mientras tanto fuimos ojeando la carta.
Pedimos varios primeros para compartir: flor de calabacín rellena, ensalada de otoño (con boletus) y la espuma de patata con huevo y trufa. Todos estuvieron decentes pero sin emocionar. De segundo pedimos: 2 lasañas de txangurro, una presa ibérica y un steak tartare. Las lasañas literalmente no decían nada, la presa ibérica bien pero pasada de punto y el steak tartare creo que era lo mejor.
En el apartado de bebida tomamos El Regajal 2010 que no nos dijo demasiado. La carta de vinos es bastante escasa y con pocas referencias interesantes. Además, el maitre no tiene demasiada idea de vinos (no hay sumiller en el restaurante).
Sumando un agua grande y unos cafés la cuenta ascendió a 196€, lo cual me parece una relación calidad precio bastante mala.
Creo que hay muchos restaurantes en Madrid sin tener que repetir en éste.
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