Típica masía catalana especializada en calçots que abre solo los fines de semana.
Reservamos para probar sus famosos calçots siendo los únicos comensales, supongo que por ello no han encendido la calefacción por lo que mi esposa ha tenido que comer con el abrigo puesto.
No voy a perder el tiempo describiendo los platos ya que ninguno de los que hemos probado vale la pena comentarlo, simplemente decir que son manifiestamente mejorables.
He encontrado de mal gusto un letrerito en el que indicaba la prohibición de fumar con una coletilla de indicaba “Gracias a Dios”, simplemente indicarles que si tanto si les molesta el humo hace años que podían haber prohibido fumar en su restaurante.
En fin, como no sea para una calçotada dominical con los cuñaos...
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