No recuerdo haberlo pasado peor en un restaurante. Voy a narrar la historia. Al llegar nos atiende un joven con una camisa vergonzosamente sucia, y eso que era negra, y tras confirmar nuestra reserva nos despacha amenazando si queremos carta o menú, sin más preámbulos. Al responder "no sé todavía" finaliza con un "pues ahí en la pared está el menú", y se marcha. Empezamos bien. Afortunadamente nos recoge una señorita y le decimos que puestos a equivocarnos preferimos carta. Fuimos los únicos comensales del local, jueves mediodía, 11 de agosto, no me extraña, y no me escondo al decirlo. Tras recibir una cerveza de refrigerio nos abruman dos veces con la comanda: impertinentes prisas. La carta de comida tenía dos menús, uno de 38 y otro de 75, y los platos sueltos tenían precios como "gazpacho andaluz" (el nombre era más largo, pero era eso) 22 EUR!!! Nos decidimos por el menú de 38, compuesto de gazpacho, bacalao en tempura, arroz de sepia y rape y postre. Me pareció una barbaridad de precio, pero con la fama del cocinero no esperábamos fallar. La carta de vinos era vulgar e insolente: los vinos de 7 EUR a 37 EUR, y los de 100 EUR a 180 EUR; la variedad vulgar, y la selección de espumosos menos original que la del Carrefour (Moët, Cliquot, Mum, Taittinger, Dom Perignon y Krug, y ya, el Krug a casi 200 EUR, eso sí) Solicitamos un cava Tamtum Ergo blanco (era lo mejor de la carta), a 36 EUR!. Tardaron 10 minutos en descorcharlo, rompieron el corcho, lo forzaron con sacacorchos, lo sirvieron en la copa con trozos de corcho y se quedaron tan anchos: infame. Eran las 15.30h y no teníamos ya alternativa, había que continuar. A parte del menú pedimos unas croquetas de bogavante: salieron abrasadoras, de microondas, completamente arrugadas, sin textura, blandas como para no poder cortarlas, y por dentro eran líquidas, con un ligero sabor a bogavante que recuerda los precocinados del Mercadona: indigno de servir a la mesa. Había hambre y nos las comimos. Luego el gazpacho andaluz, con un helado de ajoblanco, el mejor plato de todos, fresquito y con sabor a gazpacho, como debe ser, ¡pero 20 EUR!: que insolencia, mi abuela los hacía a 50 céntimos cuando tenía el bar. Luego el bacalao en tempura: falso, era bacalao rebozado, muy aceitoso, recalentado al microondas, muy blando, sin textura y sin sabor, caldoso por dentro, como los que pueden comprarse congelados, pero de peor rebozado. Finalmente arroz de rape y sepia: normal, digno de cualquier restaurante, pero no de éste a esos precios. Finalmente un helado de limón con mora: normal, lo mismo de antes, 11 EUR!: escandaloso. Para acompañar el helado solicitamos un vino dulce, había oído que tenían una buena selección. Pregunté y nos ofreció tras divagar una referencia, sin más pistas. La aceptamos, me daba miedo profundizar. Sirvieron un moscatel, muy sencillo, a 5 EUR la copa, eso sí, en una copa de vino tinto de propaganda de Ramón Bilbao: nunca me he sentido tan engañado. Un café, por favor, que nos vamos. Para rematar nos sacan la cuenta con un 8% de IVA más, aunque en la carta ponía que el IVA estaba incluido, 75 EUR por persona. Recapitulemos: una caña, croquetas de microondas, gazpacho, bacalao rebozado, arroz, postre y café, con un cava, 75 EUR cada barba. Quería montar un escándalo, pero iba acompañado de alguien que no quería que se sintiese incómodo, y pagué la cuenta y fuimos a otro lugar a tomar una copa. El peor restaurante que recuerdo.