El lugar es muy bonito, dentro del hotel Cienbalcones, de preciosa decoración, situado en un pueblo no menos adorable. La comida es discreta, pero abundante y con buenas materias primas, y sin inflar los precios. He de destacar un servicio muy malo, mal los tiempos, mal el orden de los platos, muy mal la simpatía y la cortesía. Ese detalle han de cambiarlo, porque la impresión general no fue mala. Lo peor el trato del vino: solicitamos una recomendación de la zona, y me señalaron uno sin más pistas, lo aceptamos, lo trajeron caliente (caliente de agosto) y sugirieron si queríamos cubitera. Puesto que era el que nos habían recomendado, tuve los modales de no decir nada. Nos bebimos a gusto la última copa. No sé cómo explicarlo, pero la sensación final no fue mala. Quizá es porque iba con mi mujer en viaje romántico.
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