Me comentaba el joven regente del establecimiento, que la ubicación del mismo es la casa familiar de los iniciadores del afamado Cal Paradís, que gobierna en la actualidad su hermano. Me sorprendía su juventud, de forma que ya entiendo la sensibilidad que tiene por la hostelería.
Todo lo que ofrece, sólidos y líquidos, proviene de la comarca, cuidando que cumpla los estándares de agricultura ecológica. Una apuesta arriesgada, según mi modesta opinión.
El trato es excelente, ya se encarga de ello también su mujer con una sonrisa no profesional, de las que realmente sienten con placer y cariño sincero, el servicio a los demás.
Cuidan todos los pequeños detalles, los entrantes, desde las almendras, incluso olivas negras que parece no tienen demasiado recorrido, ellos las aderezan para que resulten sabrosas.
La cocina es genial, fenomenal. Un arroz de sabor intenso, en su punto de cocción, un alioli artesano, chuletitas de lechal............... todo muy bien.
Estoy sorprendido. Estoy sorprendido gratamente.
La cuenta que adjunto son 79 euros para dos personas, no obstante no será habitual que dos personas beban dos botellas de vino, de manera que permitirme que descuente una de ellas para valorar la cuenta total.
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