En la mente lo tenía de tiempo desde que nos lo recomendó nuestro vendedor de vermú en Vilafamés. Entonces íbamos a Cal Paradís, y nos dijo "tenéis que ir al de su hermano". No son comparables en absoluto, salvo por el respeto al producto. Decidieron estilos diferentes. En el caso que nos ocupa es como más local, practican la filosofía del Km 0. Es una cocina más directa y sin tanta creatividad.
Ese encanto que conlleva comer, y bien además, en una masía, les hace ser muy demandados. Hay que tener en cuenta que en festivo te juntas con familias o grupos de amigos, por lo que es conveniente reservar nada más entrar en la semana. Al menos, los fracasos que he tenido han sido por intentarlo en el mismo día.
Gente amable sin excesos. El servicio transcurrió bien pese a estar rodeados de mesas numerosas. Mesas bien vestidas y con muy buena separación, detalle que dice más de lo que parece. Coperío y servicio del vino mejorable, te lo abren y punto. Aún con eso, lo considero correcto por la temperatura, por ser fiel a la añada que marca la carta y por ceñirse a los de la zona.
Volvería de cabeza, me tiraría de nuevo a ese pozo. Es más, puede que me proponga de manera fija visitarlo con la llegada de cada menú estacional.
Menú de tardor (otoño):
Como entrantes:
- Crema de moniato i ametla.
- Amanida de pebrera, moixama, abadejo, pataca i oli d'alfafarenca.
- Polp, verdura i wok.
- Llesca, ou, pernil i safrá pur de Jiloca.
Principal:
- Frincandó de vedella amb bolets.
Postre:
- Coca de figues i gelat de formatge.
Incluye un servicio de pan típico propio de estos sitios de cierta influencia catalana. Un cesto de buenas rebanadas de pan variado y tomate de penjar, ajo y aceite para que te lo trabajes.
Antes de su llegada, unas olivas y almendras que en mi caso disfruté con una cerveza Montmirá Penyagolosa, elegida entre las cinco (creo) artesanales que salvo una, son todas castellonensas.
Lo mismo sucede con su carta de vinos, practicamente todos, salvo un par de Celler de la Muntanya, son de la provincia. Estos aspectos, casan aún más con la idea de negocio dándole mayor autenticidad.
Al Flor de Clotás 2011, le acompañó un agua grande de Benassal, otra clara muestra más de lo comentado. Cualquiera se atreve a pedir una Coca-Cola... ¡Quita, quita...!
Fuera del menú, en el que mi señora y yo coincidimos hasta en el postre, mi nano, se marcó un llom de vedella ECO. Excelente solomillo de ternera del que di cuenta en parte, servido con patacas fritas a modo de papas.
El primer entrante, esa crema de boniato y almendras, sustituyó a la otra crema marcada en el menú de origen, la de almendras y setas, la cual se les había terminado. Desde luego un modo equilibrado de empezar, suave y rica, la potenciaba un poco unas lascas de queso curado. La acompañan con una magdalena de aceituna negra.
Me pareció un acierto la combinación de la ensalada. Fresca a la par que intensa. La mojama, el bacalao... sobre la pataca que daba dulzor.
Perfecto el trato de la verdura en este wok. La carlota vale, pero no me suelo encontrar el rábano y la judía verde en estas elaboraciones. Sabor a huerta por un tubo que iba bien con el pulpo. Le hubiese restado algo de soja para sentir todo esto más.
La tostada de pan tenía marcado el jamón por el horno y probablemente el huevo escalfado se acabara de cuajar en él. Puede que tuviera así la coherencia de que la yema no se mezclara con la salsa de setas y fuera más consistente, pero me hubiese gustado menos hecho, la verdad. El azafrán daba su toque.
En cuanto a las opciones entre los principales, elegimos el fricandó por acabar con algo de mayor peso y tradición. Hay que decir, no obstante, que los otros platos sonaban muy, muy bien. Habría que comprobar esas carnes casolanes en conserva. Ojo porque también tienen pescado de la semana y por lo que nos cantaron, suele ser salvaje.
Del postre aún tengo el recuerdo de ese brazo de gitano relleno de higos y bien empapado de queso de oveja. Una delicia. El helado de queso refresca dentro de un sabor concreto y el higo abierto es más bien testimonial.
Para rebajar esta comida nada mejor que un té de roca, elaborado lógicamente por ellos, donde el romero es el protagonista, y un chupito de hierbas. Bueno, y el paseíto de rigor por los alrededores.
En la media, dejo fuera lo que comió mi hijo por ser más fiel al precio medio de mesa completa.