Es cierto, como alguno ha comentado, que la entrada a este restaurante no invita a pasar, pero una vez dentro el ambiente es acogedor y agradable. La personalidad de Inés y Julio ayudan mucho a ello.
El local es pequeño y eso facilita un trato muy personalizado y rápido.
La opción de los menús sin carta, al principio desanima un poco, pero cuando se prueba uno se convence de que se puede dejar todo en manos de Julio, no hay sorpresas desagradables.
La carta de vinos corta, como corresponde al local, pero bien escogida. Sería impensable que en un restaurante de estas dimensiones existiera una carta con más de cien referencias. Como dijo Inés, con gracejo, "esto es lo que hay". Los precios bastante ajustados
Entre semana, a mediodía, la opción del menú de tapas (4 tapas, un principal y tres postres) es una buena opción. También tienen un menú del día clásico. Por la noche exclusivamente menú de tapas (7 tapas, una carne o pescado y tres postres) todo ello por 20 euros.
Me ha parecido un sitio interesante al que habrá que seguirle la trayectoria.
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