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En su línea...

Cuarta (creo) visita a este restaurante que aúna comida que casi se puede calificar de autor con un servicio lento y con múltiples fallos. Lo he dicho más de una vez: si no tenéis prisa y priorizáis platos ricos y de calidad a precio asequible, éste es vuestro local... armaros eso sí de la paciencia de Job (o de Matusalén ya de paso)

El menú, que consta de 1º+2º+postre con pan y 1/4 de litro de agua por persona, se mantiene a 19 euros IVA incluido, lo que es una ganga, porque además hay 6 ó 7 platos a escoger de principales y unos 5 de postres.

De primero tomé carpaccio de atún: riquísimo y además una buena ración. De la calidad del mismo no puedo opinar porque mis conocimientos son algo limitados en este aspecto, pero la verdad que entraba muy bien. Para acompañar pedimos dos botellas de vino blanco (éramos 4 y quizá fue algo excesivo), ambas de la DO Empordà. El servicio del vino correcto: cubitera, cata inicial y primer llenado. Copas flojillas. Uno era Macabeu y el otro Coupage de Chardonnay y Sauvignon Blanc, que nos gustó más.

El pan lo tuvimos que pedir... El primer plato nos llegó casi una hora después de llegar, aunque hay que decir que uno de nosotros llegó más de media hora tarde y pedimos a la vez, con lo que la espera fue razonable. De segundo compartí con uno de mis amigos/comensales" un arròs negre de sepia, almejas y alcachofas servido en una paella de hierro. Ración suficiente para tres y muy sabroso, oscuro como el azabache (¿qué es el azabache?) y decir que es un arroz más de digno para un menú tan asequible.

El postre sí que se hizo esperar... diría que una media hora, cuando lo más lógico es que tarde menos que lo salado. Para mi que se olvidaron de nosotros. Sí que es cierto que era una noche con muchos clientes (tuvimos que cenar en el comedor interior lo que fue un alivio pues con el aire acondicionado la temperatura era más agradable que en la tórrida noche portbuense). Mi opción fue una mousse de chocolate blanco que fue lo más flojo del menú. Estaba recubierta de una mermelada cuyo dulzor no combinaba con el chocolate, que ni estaba especialmente bueno ni tenía textura de mousse. Se podía comer eso sí. Uno de mis compañeros tuvo que pedir la cucharilla...

Tuvieron, eso sí, el detalle de invitarnos a un chupito y hay que decir que uno de los camareros se disculpó efusivamente... Repito, la comida está muy buena y se puede ir una, dos, o tres veces en verano si os pilla cerca y sin ninguna prisa. Después de varias cenas creo que el fallo del local (dejando aparte de que hay poco personal y que tampoco es excesivamente cualicado) es que le falta un líder/jefe de sala que ponga un poco (bastante) orden. No sé si Chicote sería una buena opción...

PS: puntúo como servicio de vino al servicio en general.

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