Nos lo recomendaron en Achaval Ferrer así que allá que fuimos.
Bodega nueva, adaptada para el turismo, con preciosa arquitectura integrada en el paisaje (qué pasada de vista con los Andes al fondo). Tuvieron el detalle de enseñarnosla en un momento.
La sala del restuarante (piedras, cristal, parquet...) y la presentación de la mesa es casi igual que la de Ruca Malen, pero uno puede acostumbrarse facilmente porque está muy bien.
De nuevo excelente vajilla, cristaleria... acorde al precio.
Servicio profesional y atento aunque con un final muy feo, que luego indicaré.
Menu maridado de 3 entrantes, principal, preposte y postre por 260 pesos:
La cocina me recordó muchísimo la Ruca Malen de nuevo. No nos dieron impreso el menú por lo sólo me acuerdo de lo que me gustó:
- Empanada criollo (buena) con blanco Ikella torrontes joven.
- Especie de sufle que no recuerdo (pues eso) Ikella malbec joven.
- Verduras grilladas con salsa de tomate (correcto) con melipal malbec con crianza.
- Lomo grillado con verduritas y calabaza rebozada (espectacular la carne)con Melipal reserva.
- Granizado de naranjas.
- Tiramisú (ok).
Toda la comida fue aminizada con una serie de tangos clásicos en versiones actuales que nos encantó.
El detalle feo vino con el cafe (nespreso) ya que al minuto de traerlo vinieron con la cuenta, sin pedirla, y a los 2 minutos de trarla ya estaban preguntando si podían cobrar... (fuimos los únicos comensales). Realmente nos incomodó y acabó con un buen momento.
Correcto pero Ruca Malen estuvo a mejor altura en comida y vinos.
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