Restaurante ubicado en Palamós, bastante escondido aunque céntrico.
El lugar es pequeño (reserva casi obligatoria), bonito e íntimo.
Hacen una cocina original, con platos no habituales en su mayoria o con un toque fusión, normalmente ví que la gente casi toda compartía los platos.
Es mi segunda vez, y las dos me ha gustado. Esta vez eramos unicamente dos y pedimos:
Astillas de lacón y quicos (contraste original de sabor, bueno)
Arroz salvaje de sepia (muy bueno, gran sabor y textura)
Wantan de confit de pato y puerros (buenos, nada pesados)
Secreto ibérico con gnoquis fritos (excelente cocción, muy bueno)
De postres:
Sopa de melón con helado de Oporto (resfrescante, bien)
Mousse de café con Bayleys (excelente, hubiera repetido!).
Obsequio de la casa para los postres de una copa de cava (no los conozco de nada, con lo cuál debe ser habitual).
Carta de vinos muy corta, al hacer calor quería un blanco y solo había tres, nos bebimos El Perro Verde de Rueda a 15 euros.
En resumen, todo bien, comida original y sabrosa, para repetir, hay platos en la carta para investigar y muy novedosos. Volveré.
Precio- calidad, personalmente muy buena, pagamos 29 euros por persona.
(cuidado, en la carta hay platos que podrían hacer subir esta cuenta a casi 40 si te vas a foies con PX, Tatakis de atún, etc...).
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