Local muy agradable, bonita decoración, mucho espacio entre mesas, copas Riedel.
Magnífica comida, con puntos de cocción precisos y originalidad justa para agradar sin asustar a los más tradicionales. Detalles como disponer de 5 aceites y 4 sales para aliñar algunos platos, o elegir el café y que te lo muelan a mano y preparen allí mismo, con sus petit fours correspondientes.
La carta de vinos, muy bien, aunque tal vez un poco corta para un restaurante de su categoría.
En cuanto al servicio... bien, si no te sales del guión. En nuestro caso, un problema con la mesa (en zona de no fumadores, cuando la queríamos en fumadores), otro con un postre (alergia a un ingrediente, con algún problemilla para cambiar de postre), otro con la añada de un vino (2003 en lugar de 2002) y otro con el café (al no disponer de mesa en zona de fumadores, nos proponen ir a tomar el café a la barra. Pero una vez allí el café ni lo podemos elegir, ni lo muelen, ni tiene petit fours, ni nada. Ni nos ofrecen la posibilidad de tomar un licor).
En definitiva, que salimos bastante decepcionados, sobre todo porque el responsable de todos los problemas (el jefe de sala), es uno de los propietarios. No sé qué ocurriría si fuera un empleado...
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