No está mal sobre todo comparando con otros restaurantes con estrella, pero tampoco es para tirar cohetes. Pedimos mesa de no fumadores y nos pusieron cerca de la puerta. Hay un acceso a la barra por donde entraba frio y se lo dijimos al maitre, la cerró, pero lógicamente se abría y cerraba por razones de servicio y era un poco incómodo. Tomamos el menú, todo correcto incluso el salmón que raramente me gusta. Lo de los cafés molesta un poco el ruido y aunque tiene su punto,el resultado no es muy logrado. El servicio bien excepto una de las camareras que tenía las uñas exageradamente largas. Unos 200 euros para 2 personas.
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