Diminuta taberna/bodega (12 m2). Trato familiar y eficaz. Impresionante, por variedad y calidad (extrema) selección de quesos, ahumados, panes, aceites, conservas, encurtidos y otras cosas inimaginables (alucinante la gelatina de moscatel) servidas en forma de tapas y montaditos extremos. Lo mejor es decir "ponme lo que quieras". Siempre sorprende y sales alucinado. La bebida no se queda atrás. La mayor densidad de botellas (vinos y destilados) de la ciudad. Llega hasta el techo y se sirven por copas o por botellas (a precio de tienda). A pesar de las diminutas copas y que se consume de pié se merece el 5 en cuanto al vino, por el espléndido homenaje visual y la calidad y cantidad de referencias. He ido decenas de veces y siempre salgo con la sensación de que es barato (lo és) y que todavía no lo he visto todo. Imprescindible lugar desde hace años. Alguien tenía que decirlo.
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