Creo que respecto a la última visita , la cocina ha mejorado . El entorno sigue siendo el mismo: peculiar , abigarrado , curioso y diferente, para gustos...no me atrevería a opinar con una decoración tan profusa . Si hablaría del marco exterior, de la terraza, del hotel y su entorno, rodeado de verde y agua , un lugar para el relax y el pensamiento. Tomamos croquetas excelentes cremosas, una gran cecina con foie, suculentas ensaladas y un entrecot de Tudanca , que aunque salió algo frío , estaba en su punto. con textura , ternura y sabor. Buenos postres ,abigarrados como la decoración , pero suculentos , ricos, cremosos y apetecibles. La carta de vinos si ha perdido , demasiado básica y sencilla, la cocina merece más. Merece la pena una visita al hotel y una cenita en su restaurante¡¡¡
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