Escondido en una calle no muy céntrica de Moscú, encontramos este restaurante recomendado por la guia de viajes Lonely Planet. Te llamará la atención las decenas de timbres que tienes para llamar a la puerta, que mas que de un restaurante, parece la de una casa particular. La decoración es de una casa clásica moscovita de los años 50, y las guapisimas camareras, también van vestidas de esta época. Hablan algo de inglés, pero no esperes maravillas. Tienen menú al mediodia y carta. Nosotros pedimos, casi sin saber lo que estabamos pidiendo, pero acertamos en algún plato. Lo de los Blinis con caviar rojo, que es tipico en Rusia, pues tampoco es para tirar cohetes. El resto de platos, abundantes y bien elaborados. Pero insisto en que la cocina rusa, no es de las mejores. La carta de vinos esta repleta de referencias internacionales, a precios muy altos y calidad justita. No habia ningún vino de alguna exrepublica socialista, cosa que no entiendo, y por este motivo no valoro este apartado. Se puede pagar con tarjeta, y recomiendo probar la carne, ya que el pescado lo hacen de forma particular, y no me gustó.
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