Nos volvemos a pasar por Mon donde José Luis nos recibe como siempre atento y amable en la puerta de su local.
Es un placer inmenso llegar a un sitio y que te atiendan nada llegar no como a un cliente, sino mas bien como un amigo que busca un pasar un rato agradable con la familia.
Menú especial con primero, segundo, postre, una bebida y café, lo acompañamos de Cava ,el Anna de Codorniu blanc de blancs.
De primero me pedí unos rigate que estaban en su punto, con una guarnición de verdura sabrosa, que en algunos italianos se echa en falta.
De segundo roastbeef enorme en cantidad y muy muy interesante de sabor, con una ligera salsa y acompañado de patatas, esperaba cortadas mas finas, pero me equivoqué al ser bastante generosas.
Se nota que el cocinero Carlo a tomado mando en plaza y que se siente cada vez mas a gusto con la carta.
Un sobresaliente como siempre que vamos.
Hemos estado en Mon en tres ocasiones y disfrutamos del restaurante y de su cocina.
El local está muy cuidado, estilo moderno, cómodo y decorado armoniosamente.
La atención de las mesas muy correcta y, lo más importante, la comida excelente.
Es un placer disfrutar de cada plato donde se nota la mano cuidadosa y experta de un buen cocinero. Buena calidad de productos y pequeños detalles que marcan una diferencia.
Ojalá se mantenga la calidad y sigamos saboreando tan buena cocina.
Este sábado hicimos una nueva visita a este restaurante abierto en Agosto de 2011, salimos encantados.
Hice una reserva para las 15:00, una mala hora para un restaurante, pero no me pusieron ninguna pega, al contrario, todo era intención de agradar.
Eramos 4, pedimos 2 menús degustación, una ensalada, lasaña de verduras y un bacalao, todo al medio. Lo acompañamos de 1 copa de vino Marina alta, 3 Grimbergen y Anna de codorniu.
El menú consiste en foie caramelizado: 2 medallones "brandados" con jamón ibérico, membrillo y gelatina como "adornos comestibles". Carpaccio de gamba con vieras. Le siguen un entrecote trinchado y unos calamarcitos rellenos. Los postres del menú un brownie y tarta de queso.
Las cantidades son generosas, comimos de maravilla.
El tratamiento de las verduras es mas que correcto, en un plato como una ensalada de nota. El entrecote de buena calidad, hay que comerlo rápido porque al sacarlo trinchado se enfría rápido. El relleno de los calamarcitos nos sorprendió a todos (me lo guardo para mi), así como el estupendo plato de bacalao, en su punto para mi gusto. La lasaña casera ( se agradece que no te la pongan hirviendo ) muy suave de relleno y de nuevo protagonista las verduras. El carpaccio de gambas es delicioso, la gamba finísima como debe ser con ensalada y carpaccio de vieras por encima. Se nota que cuentan con un Chef de mucha experiencia en Valencia, el equipo de cocina también se nota "en construcción" en cuanto se conjunten van a llegar las colas hasta la puerta del ayuntamiento.
Mi descripción no está a la altura de los platos que como nos dijo un día uno de los camareros "son casi arquitectónicos" por la buena presentación, pero los sabores y el buen trato te hace sentir de maravilla.
Los postres del menú por comunes parecen menos interesantes que los de la carta, en concreto el fondant estaba hecho media esfera con cobertura consistente y un interior cremoso.
En lo referente al vino, como se suele decir, les queda mucho recorrido, los precios son muy buenos, de lo mas barato de la zona.
El comedor de arriba estaba completo, el diseño es muy moderno y junto a lo nuevo y la zona da la sensación de ser un restaurante muy caro, no lo es, en otros de la misma calle he comido menos y con menos nivel de cocina y me ha costado mas.
RCP muy buena en 30 euros por cabeza quedamos en paz con la cuenta. Se incluia café y té.
Como detalle nos invitaron a chupito.
Pásabamos por la puerta y nos abordó una educadísima mujer que se ofreció a enseñarnos la carta y el restaurante. Como no lo conocíamos y tenía muy buena pinta por fuera, nos decidimos a emprender el tour.
El restaurante es muy amplio, con una zona de tapas en la planta baja y una coqueta terraza en la calle peatonal Marià Benlliure. En la planta superior se encuentra el restaurante propiamente dicho. Grandes dimensiones, luz tenue, cuidado diseño de las mesas y una espectacular cocina que se puede ver por una especie de ojos de buey. Para mi gusto, le falta algo de iluminación, pero nada grave.
Al final el local nos gustó, los precios en la carta no eras muy elevados y tenía buena pinta lo que vimos. En esta zona tan turística los precios suelen ser más altos y las calidades bastante bajas, pero en este caso todo apuntaba a que no iba a ser así. Incluso la mujer que nos "captó" en la calle, madre de la dueña del local, nos lo hizo saber "aunque está en una zona muy turística, aquí no se come de turista".
Vayamos al tema. Comimos en la planta de arriba, a la que se accede mediante un ascensor (o por las escaleras). La primera sorpresa fue que la carta era más corta, pues no tiene las tapas que se ofertan en la carta de la calle. Las pedimos y trajeron dicha carta.
Cocina de mercado con algunas tapas interesantes como las bravas, muy bien presentadas, con un toque de rebozado que no me acabó de gustar, pero bastantes buenas. Croquetas de bacalao perfectamente presentadas y con un salsa romescu riquísima. Una tempura de calamares y boquerones también muy rica, una ensalada de patata y atún rojo que estaba exquisita, sobre todo el atún y unos calamares rellenos bastante buenos.
Los postres los tomamos en la terraza, un parfait de avellanas bastante bueno y una mousse de yogur con fresas que, estando buena, más bien parecía una sopa de yogur.
La carta de vinos es sencilla, de precios algo elevados y con alguna cosa interesante que te salva la cena. Copas de buena calidad y servicio del vino, y en general, muy atento, amable, siempre pendiente, sin un "no" por respuesta y de un trato exquisito en todo momento. De lo más destacable del restaurante, sin lugar a dudas.
En general buenas sensaciones, y eso que es un restaurante que apenas lleva unos meses abierto. Pero cuando te traen la cuenta te das cuenta de que el IVA no está incluido y de que cobran 1€ por cubierto. Fueron 8€ extra que van a ningún sitio, pero que te dejan una sensación agridulce. Además comprobamos que ni siquiera a la carta indica que el IVA no está incluido (que aun así está prohibido). Total que al final no comimos como turistas pero pagamos la turistada. Una lástima salir con esta sensación, pues hasta el momento, salvo alguna cosa como la carta de vinos que es muy mejorable, la cosa marchaba realmente bien.
Espero que estas cosas mejoren.
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