Situado en los sótanos del Mercado de Colón, junto a la tienda, se ha realizado una actuación funcional (mesas bajas junto con otras altas, con taburetes, más informales) para acondicionar el local. Como bien se ha comentado, el producto pasa de la tienda a la mesa. Pero ¡mamma mia! qué producto...
Al final de la corrida: media ración de cecina de Astorga, ambutido de payés, tosta de sobrasada mallorquina de porc negre, media ración de salchichón y chorizo Joselito, dos ostras (procedentes de la pescadería contigua, Martin&Mary), media ración de salazones y degustación de seis quesos procedentes del carro de la tienda (esto último maravilloso, y es un pecado ir y no probarlos).
De beber, dos tercios de barril de Dinkelacker, bien tirados y un gin-tonic de Martin Miller excelsamente preparado con un precio (9 euros) que para si quisieran muchos pubs, como marciana forma de maridar los quesos.
Es un placer escuchar las explicaciones de J.M. Manglano acerca de los quesos, y ver la atención y cuidado que pone, tanto a la hora de servirlos, como de atender a los clientes de mesas contiguas.
Recomendadísimo.
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