El Zarcillo es una tasca, no esperen un restaurante. El local es incómodo y no invita a permanecer y se pueden encontrar colas, especialmente en las noches de verano.
Pero merece la pena el picoteo, de carta corta. Destaco el salmón marinado con guasabi: lo mejor de la carta sin duda.
Y en los vinos hay que dejarse llevar por el propietario. Siempre tiene buenos caldos a precio muy razonable. Si prefiere elegir el propio cliente, tiene oferta muy variada y de todos los precios.
El postre es prescindible.
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