Visitado ya unas cuantas ocasiones, esta vez se trataba de celebrar un acontecimiento familiar, en el que nos juntábamos 14 personas. En situaciones como ésta, en las que coinciden personas de distintas edades, gustos e interés por la gastronomía, resulta complicado ponerse de acuerdo a la hora de qué pedir para comer, así que lo más aconsejable es recurrir a algún menú, y este establecimiento cuenta precisamente con una amplia variedad de ellos. Nosotros elegimos el más completo (39€+IVA), que consistió en lo siguiente:
- Cremat de foie, queso de cabra y manzana con tostaditas de pan de pasas: preparación muy resultona, con sabores que armonizan a la perfección, si bien para abaratar el plato el foie es más una Mouse que otra cosa.
- Verduras asadas al carbón con ali oli de azafrán: amplia variedad de verduras estacionales con el toque siempre tan especial que le da la brasa. Todas ellas estaban como debe ser: al dente.
- Morcilla de Beasain a la parrilla con tomate dulce: generosa ración de morcilla de verduras acompañadas de una confitura de tomate a modo de agradable contrapunto. Muy rico.
- Chuleta de vacuno mayor a la brasa o Bacalao al estilo Kutxi: en mi caso me decanté por la carne, que se sirve con un paso por parrilla perfecto. Nos sacaron 2 chuletas para los tres interesados por esta opción, así que pude probar de las dos piezas, mostrándose una de ellas a buen nivel y la otra algo más justita. Mi mujer no pudo acabarse su ración de bacalao (dejó la mitad), de la que se encargó el que esto escribe. Se trataba de un lomo de buen tamaño, jugoso y con gruesas láminas, que venía acompañado de una especie de pisto de verduras muy rica. El pescado tenía un problema, que ya habían anunciado quienes optaron por esa opción, y era que no estaba bien desalado, defecto que acabó eclipsando la indiscutible calidad del producto.
- Tarta de manzana, goxua o arroz con leche: me decanté por la tarta, que estaba simplemente correcta, por debajo del nivel del helado de canela con que se acompañaba.
El menú incluía dos vinos, que fue servido en buenas copas y en el caso del primero en cubitera. El primero fue un Ad Libitum Tempranillo Blanco 2012 y el segundo un López de Haro crianza 2010, que acompañaron perfectamente la comida.
Se trató, en resumen, de un menú muy correcto, si bien los platos que los componen no alcanzan el nivel de calidad de los que componen la carta, aunque figuren referenciados de igual manera. El ejemplo más palpable fue la carne de vacuno, de una calidad excelente cuando hemos pedido a la carta y bastante más floja en esta ocasión. Una pena también el problema del bacalao, difícilmente justificable en un restaurante de este nivel. Volveremos sin duda, pues aunque esta vez no ha sido así, sabemos que saben hacer las cosas muy bien.
Pues sí, al final lo de la designación de Vitoria como capital gastronómica nos va a venir bien a los aficionados a la buena mesa. La idea del Zaldiaran me parece muy buena: eso de tener la posibilidad de cenar con menús elaborados por cocineros tan reputados como los que aquí se van a dar cita es un lujo. Aunque tendrán lugar en días entre semana, intentaré aprovechar al menos un par de cenas. Saludos.
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