Ibamos ya dirigidos. Varios amigos nos habían hablado de él.
Ya aceptan tarjetas de crédito y tienen una carta escrita, aunque siguen comentando los platos uno a uno.
Un acierto tener una sumiller que te aconseje acerca del vino, incluido el precio. Tienen un buen surtido a unos precios aceptables.
Lo reducido del local permite que el servicio sea totalmente personalizado. Todos intentan que lo pases lo mejor posible y que disfrutes de la cena. Aunque a nosotros nos tocase una noche con un público un tanto ruidoso.
Todo lo que comimos estaba delicioso, aunque el foie me sentase mal debido a que una noche de julio no es el mejor momento para saborearlo. No se lo tengo en cuenta.
Muy recomendable visitarlo, aunque sólo sea por lo peculiar de un restaurante sin cocina.
Inútil presentarse sin reserva.
Fachada
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