Marco luminoso, ayudado por unas cristaleras, que da al Jardín del Rey que hacen de este restaurante un lugar alegre; favorecido todo ello, por una decoración sencilla en tonos muy claros(casi blancos).
Servicio atento, con ganas de hacerse entender, especialmente por parte de una camarera que se defiende bastante en español.
La comida de factura sencilla auna unos buenos productos de mercado con cierta dosis de imaginación.
A mediodía manda el "Smorrebrod" o bien un menú de tres platos.
La cena permite componer un menú, a elegir de entre las preparaciones contenidas en la carta, de tres, cuatro o cinco platos, incluido el postre.
La bodega, aceptable en cuanto a número de referencias, es relativamente comedida para lo que por allí se estila, aunque nada barata.
Si se paga con tarjeta de crédito repercuten la comisión, que soportan, al cliente; pero, al menos, lo advierten.
Una buena opción.
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