Hoy en día cuando lo que te apetece es que te sorprendan quedan pocos sitios que por la relación calidad precio puedan hacerlo.
El otro día tuve la suerte de que me invitaran a comer en un restaurante esquinero. Era pequeño pero acogedor y al ver la carta me sorprendió, pregunte y era húngaro.
Pedimos un surtido de quesos que estaban francamente buenos y que nunca había probado y luego un Gulasch de ternera. Le pregunte si también tenían vino húngaro y nos ofreció un cabernet Sauvignon de su tierra.
Si os gusta probar cosas nuevas y en especial la comida húngara os lo recomiendo.
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