Pues ya ha pasado un año y vamos con la misma situación de un local que nos permite la cata ciega particular y que incluso aportamos los vinos de la cena.
Local lleno en un sábado noche, mesa preparada a la entrada para estar a lo nuestro en la cata, y luego servicio de cena con las correspondientes botellas de agua.
Esta vez el servicio fue notablemente mejor y más rápido y la comida bastante mejorada. Bien es cierto que gracias al esfuerzo y quejas del organizador, pero se notó y mucho.
Un buen pan de focaccia acompañó toda la cena que fue servida al centro.
Queso de búfala con jamón que lo envolvía como si fuera un flan; quizás lo más flojo porque el queso estaba bastante insulso.
Ensalada de rúcula con parmesano, trufa laminada y foie de trufa; rica, abundante y bien aliñada.
Involtinos de ternera; a pesar de que estaba algo irregular en su paso por el fuego, conseguía muy buen sabor y textura en boca.
De forma individual: tallarines con frutti di mare; buena pasta, buen punto de coccion y buen fondo con suficientes chirlas y poco más de tropezones.
Para postre la consabida bandeja al centro con un poco de todo y en general poco interesante siempre; esta vez había algo que merecía la pena en el centro: helado de amaretto muy agradable con su punto de almendra amarga; por contra los acompañantes de tarta de queso y tiramisú con unas calorías muy prescindibles.
Cafés a petición personal. No hubo limoncellos a pesar de ofrecerse.
El pago corresponde al organizador de la cata por no hacerla en su casa.
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