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Esto no es un restaurante.

Ni falta que le hace. Es un bar de esos que te reconcilian con los taberneros de toda la vida de Dios. De esos que saben lo que tienen, que atienden como a los de casa aunque no te hayan visto jamás y de los que te despides con la pena de vivir a 400 km.

Cinco personas, cuatro adultos y una niña, nos pusimos a comer en la mesa del fondo, como en una cueva fresca, lo que quiso Santos, lo que había en la cocina.

A la cria le pusieron un plato de pasta con mejillones y calamar que era la comida de la cocina, y que le gustó.

Escabeche de palometa. Excelente, suavisimo, en su punto justo de acidez.

Escabeche de carrillera de cerdo. Muy bueno, más cercano a guiso que a escabeche, se derretia en la boca.

Croquetas de bonito. Los que las comieron dicen que muy buena bechamel aunque con poco sabor a bonito. Desaparecieron.

Revuelto de champiñones, frescos, por supuesto. Se pidió no muy jugoso y, pese a eso, es uno de los mejores revueltos que he tomado en años, abundante, pleno de sabor, muy rico.

Queso fresco con membrillo. El queso les gustó, el membrillo muy bueno.

Tres bolas de yogur de la zona con confituras de tomate verde, cerezas, melocotón y una cuarta que no recuerdo. Tanto el yogur como las confituras, de primerisimo nivel

Media botella de Viña Sastre crianza, riquísimo.

Una botella de Albariño Do Ferreiro, lo mismo.

Una botella de vino dulce que creo recordar que hacen los de Ossian, tipo Riesling dulce, en botella pequeña, sin marca, experimento por lo visto de la bodega, que Santos sacó para probar y que estaba de muerte, dulce sin empalagar, fresco, redondo. Mejor en boca que en nariz donde se olian manzanas verdes. La sacó para probar, digo, y la probó y la botella corrió por cuenta de la casa.

Igual que probó el Do Ferreiro, porque al estar yo sirviendo unas copas, se acercó el con una y me pidió una cata que, por supuesto, le serví.

Y hablamos un rato de vinos, y de que luego iba a comer un tal Rafael Moneo, y pagamos y nos fuimos.

El total de la factura, incluidos seis euros de unas cañas en la barra antes de comer fué de 95 Euros.

Si, no hay error.

Recomendado por 2 usuarios
  1. #1

    EuSaenz

    Santitos es único, no cabe la menor duda. Este invierno iremos a por unos de esos "pollos puteros" que cría. El dulce de Ossian lo catamos en la bodega y es una joyita elaborada con verdejo y al estilo alemán, de hecho la asesoría está a cargo de un prestigioso eleborador teutón. Detallazo que os lo diera a probar.

    Un saludo,
    Eugenio.

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