Durante varios años la dirección de este establecimiento ha ido dando tumbos, pero creo que a fecha, se ha rodeado de una eficaz plantilla.
Roberto Segret es un joven cocinero con inquietudes, trabajador y honesto. Al frente de este restaurante, ahora denominado "Le Marquis" logra mantener una sala con buenos resultados. No solo se dedica a ofrecer una carta tradicional, también se atreve con algunas incursiones gastronómicas de irregular resultado, pero con ilusión. Entiendo que está limitado por unos resultados comerciales, así que debe cuidar los costos para mantener un menú diario asequible.
Conozco este establecimiento varios años y acudo a él varias veces, conociendo de antemano lo que voy a encontrar en la actualidad : Excelente servicio de mesa, un local bien mantenido y unas vistas expectaculares al mejor trabajo artístico civil barroco valenciano urbano, la fachada principal del Marqués de Dos Aguas.
Reunidos con motivo de una comida familiar y acordado el menú; La paella valenciana mejorable, delicioso el arroz con pato y setas, unos entrantes variados correctos, magnífico el rape.........
Opino que en un segmento de precio, es una de las mejores opciónes en la ciudad para comer a un precio equilibrado, considerando sus instalaciones y servicios.
No estaba el jefe de sala Jose, buen profesional, atento y solícito, y abanderado de los vinos valencianos. Te suele sugerir los vinos que va descubriendo. En otro momento. Lástima las cervezas........
El menú de mediodía sale por aproximadamente 16 euros.
Solo buscando exclusivamente rentabilidad económica sobre otros valores, se consigue rodearse de personal incompetente y que te estropeen una comida tranquila.
Como sea que han cambiado de dirección, han sustituido al excelente personal de sala.
Servicio con olor a sobaquillo intenso, perfumado ferozmente (lo siento no encuentro otras palabras) sin saber las normas elementales de, por ejemplo entre otras, no retirar el servicio con la comida todavía masticándose.
Para olvidar.
Como sea que voy regularmente a este restaurante, tengo una visión bastante sincera.
Lleva unos años con cambios estructurales que se transmite a la mesa.
Con ello quiero decir que su cocina es de resultados irregulares.
Platos muy efectistas, con contenida materia prima, y variedad de arroces y fideuas.
No hay que perder de vista que estamos hablando de un menú de mediodía de aprox. 22 euros, muy agresivo para su entorno.
Situado frente a la bellísima fachada barroca del palacio del Marqués de Aguas, el emplazamiento tal vez sea de los mejores de la ciudad.
El servicio es profesional, bajo la atenta mirada del maitre José-Vicente.
Una de las mejores opciones para comer por un precio muy discreto en un entorno muy agradable.
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