Primera visita a este restaurante (guiado por los últimos comentarios de esta sección) y he salido muy contento. Buen parking, decoración interior muy agradable, alejado del cutrerio que se sufre en tantos chiringuitos de la zona. Bonita bodega acristalada que evidencia el interés por el vino de los propietarios. Adecuada manteleria y copas. Selección de vinos equilibrada y con precios no desmadrados. Aunque la carta no cuenta con una lista de vinos dulces fuera de carta te ofrecen varios moscateles y PX. Pedimos un muy buen verdejo (Palacio de Bornos 2004, 12€) y un buen moscatel de la Marina de Enrique Mendoza 2003 (14€).
La comida, a la altura de lo prometido por el entorno, muy buenos entrantes (magníficos berberechos, salteado de chipirones, revuelto de boletus) y buenos platos principales (arroz de rape y cigalas con alcachofas, quizás falto de un puntito de sal, aunque entiendo que haya comensales que lo prefieran así, bacalao, lubina, besugo). Postres y café a la altura también. En definitiva, una experiencia muy agradable en una zona que no se caracteriza por el interés en innovar y dignificar la cultura del vino. Para repetir. Precio: unos 35 euros por persona.
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