Presión, y más presión. Sólo faltó que nos dijeran: ¡rápido, rápido!, y así no se puede disfrutar de ninguna comida. Por dos veces tuve que sujetar mi plato para que no me lo arrancaran de la mesa a mitad. La próxima vez (que no llegará) mejor ponerlo todo en un tupper y llevármelo a casita, donde nadie me AGOBIA.
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