Restaurante no muy acogedor, las mesas demasiado juntas, parece un comedor escolar, servicio correcto, talvez demasiado agobiante.
La comida es otra historia, se nota la mano de Ricard, a destacar la famosa ensaladilla, las croquetas de pollo asado, el entrecot de vaca gallega, y la sublime torrija, no tomamos vino, pero eche en falta más variedades de cerveza.
No esta mal si tienes claro a lo que vas.
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