Hacía demasiado tiempo que queríamos volver por El Poblet, y eso que volvimos el verano pasado al restaurante madre de Denia. Aún así disfrutar de los platos de Quique Dacosta en la ciudad de Valencia, aunque sea de temporadas pasadas, es un lujo. Si a eso le añades la profesionalidad de la sala a cargo de Maite y el saber hacer de Manoli que, pese a estar entre bambalinas, se hace presente y notable en cada detalle, la experiencia no puede ser de otra manera que excelente.
El local es precioso, me encante el estilo moderno que le han sabido dar sin perder calidez en las estancias. Mobiliario cómodo y vajilla, cubertería y cristalería a la altura de lo esperado en un restaurante con estrella Michelin y de alguien tan meticuloso con todas las sensaciones plásticas como es Quique Dacosta.
Fuimos a comer a mediodía, así que probamos el menú Grace Kelly que es, más o menos, el menú del día de la casa. Como cabe esperar, se trata de un menú de platos “clásicos” del chef, perfecto para quien no ha estado en Denia, pero tampoco está nada mal para los que queremos recordar platos de pasadas visitas.
Como sólo bebía yo, optamos por el maridaje que nos iban proponiendo, así que abrimos camino con el champagne Baron-Fuenté, un todoterreno perfecto para los entrantes.
Empezamos con sus corales, unos chips vistosos y sabrosos en un plato muy visual. Volvimos a probar el bosque animado, otro de los grandes clásicos del cocinero pero una versión mini, a modo de degustación, acompañado de una rosquilleta ecológica de cacahuete de collaret, la típica variedad valenciana.
El bocadito de cebollita encurtida con emulsión de anguila ahumada y perlas de wasabi es genial: potente, con los sabores puros de todos los ingredientes y perfecto equilibrio. Es un plato de un bocado del que hubiera dado buena cuenta de unas cuantas raciones más.
Piedras de parmesano, otro de los trampantojos que probamos en el Made in the Moon de hace un par de años. Unas falsas piedras rellenas de una crema del célebre queso. Excelente presentación de la preparación que se mimetiza entre las piedras reales. Primero debes encontrarlas para poder disfrutarlas.
Hoja de tabaco y toro. Este es sin duda el plato que nos gustó. Primera porque era la de las pocas cosas que no habíamos probado, pero sobre todo porque es un plato perfecto. La hoja de tabaco es un alga kombu prensada y cortada de tal forma que da un aspecto marmolado muy similar a la hoja de tabaco. La soja ahumada da coloración y sabores que aún asemejan más a este nuevo trampantojo, y el corte de atún, el toro, redondea el conjunto. Plato de 10, de quitarse el sombrero. Aquí nos fuimos a por un Lustau Palo Cortado Península, perfecto maridaje por las notas salinas, ahumadas y tostadas del plato y el vino.
La gallina de los huevos de oro: un plato que pude probar la primera vez que visitamos el restaurante de Denia, cuando aún se llamaba El Poblet. Un huevo a baja temperatura una aleación comestible dorada y un caldo de gallina de sabor concentrado. Para este plato cambiamos a un Viña Tondonia Blanco Reserva 1999, con todo el carácter de estos vinos riojanos que casó muy bien tanto con la grasa de la yema de este huevo como con el arroz.
Y llegó el arroz, a banda con velo de azafrán y coronado por una gamba de Denia. Perfecto de sabor y punto de cocción, el velo de azafrán bien integrado y la gamba para qué perder el tiempo en describir el sabor de este producto que Quique Dacosta lleva como bandera.
Terminamos un cremoso con chocolate blanco, mango y fruta de la pasión. Estéticamente es un plato muy bueno, pero para mi gusto los sabores de las dos frutas, pese a tener mucha acidez, pecan de exceso de presencia. A mi acompañante, por contra, le encantó este postre.
Con las infusiones y cafés vienen los petit fours, un detalle final para terminar una comida excelente y a un precio más que ajustado. Sin duda, la mejor opción de conocer la cocina de Quique Dacosta a un precio correcto.