Un buen lugar para disfrutar de un buen ágape. Por cierto, buen acierto el vino y aunque ese blanco "empuje" bien la carne del cochinillo alguna copa de tinto habría pedido ;-)
Mesa para dos en la parte baja del local que siempre está más llena y da la sensación de más íntima, con buena mesa en zona del fondo donde curiosamente nunca había estado. Local lleno completamente donde la gente va en busca de producto y que el cocinero no tenga mucho que pensar. Vamos a ver recomendaciones.
Aperitivo de cortesía de pincho moruno, no es lo que elegiría yo para un local de cierta elegancia. Un buen pan y mejores saladitos aunque sin visos de aceite que tampoco hice por pedir. Directos a un vino blanco para toda la comida ya que a la hora de beber eramos uno y medio. Dimos a elegir con tal que tuviera madera y fué: Enate chardonay fermentado en barrica 2010 que estuvo muy bien. dado a catar y algún servicio en copa de forma esporádica; buenas copas.
Entrantes al centro pero servidos por persona: 3 filetes de anchoa muy buena de sabor, buen tamaño sobre una cama de tomate bien aliñado; muy bien. Tres ostras sabrosas. Plato de puntillas a la andaluza bien rebozadas, buena cantidad, crujientes y sin sensación de aceite; muy bien.
De principales: merluza con alcachofas, todo ello a la plancha y a pesar de la recomendación de mejor otro pescado; la ración pequeña, la colita y abierta en dos para llenar más el plato; bien de sabor pero poco justificable el valor de la carta. Mi recomendación fué cochinillo, que no figura en carta, y que nunca se me había ocurrido que hubiera: un acierto; piel de cristal (apoyar dedo y romperse como cristal), buena ración de la zona de la pata; punto de cocción de la carne un poco menos melosa de lo esperable, pero creo que era más culpa del cochinillo que del horno.
De postre a compartir una ración de milhojas de nata, tan difícil de comer, como sabrosa la nata. Dos cafés cortos y buenos.
Rematamos con un chupito (servido en copa de vino dulce) de Santa Teresa mientras comprobábamos que muchos de los comensales eran familias con niños vestidos de domingo y que se habían comportado como adultos.
Un buen lugar para disfrutar de un buen ágape. Por cierto, buen acierto el vino y aunque ese blanco "empuje" bien la carne del cochinillo alguna copa de tinto habría pedido ;-)
Pues es lo que me pedia el cuerpo, pero aun quedaba media de blanco y como estaba francamente bueno....me sacrifiqué.
Saludos
aprendo de tu filosofía.
saludos y feliz año
Sin duda un gran vino como ese requiere poco sacrificio ;-)
Saludos Diego!!!
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