La irrupción de este local dentro del mundillo de la gastronomía madrileña ha sido auténticamente arrolladora, en poco más de mes y medio que lleva abierto han sido múltiples los profesionales de la crítica, los blogs gastronómicos y los foros de opinión en los que ha sido referenciado y loado por todo el mundo, prácticamente sin ningún tipo de desacuerdo en cuanto a su original propuesta y la calidad de su cocina, incluso aquí en Verema y con 10 comentarios en tan poco espacio de tiempo puede considerarse casi como un record “oficioso” en cuanto al número. Había por tanto curiosidad por acercarnos y pasadas las siempre masificadas navidades en la zona decidimos hacerlo el sábado pasado, aun sabiendo que estamos en plena temporada de rebajas y la zona continúa hasta los topes.
Lo primero que llama la atención es el espacio que ECI ha montado en la 9ª planta de Callao. Se trata de un ECG a lo bestia, con multitud de productos a la venta destacando en especial los vinos, los destilados, los quesos, los embutidos y las conservas, con la posibilidad de adquirirlos para poder ser degustados allí mismo en las mesas habilitadas para ello. Además hay una serie de bares y tabernas franquiciadas sin excesivo interés, quedando a la mitad del espacio la barra de StreetXO. Porque no nos engañemos, se trata de una simple barra, colorista y con movimiento, con la música a toda pastilla y más de media docena de cocineros trabajando a destajo en las preparaciones. Llegamos a las 14 horas y ya estaba casi llena, pero pillamos una buena esquina y de ahí ya no nos movimos, a nosotros nos gusta el “barreo” y por eso no tenemos problemas. La música a toda pastilla tampoco lo es cuando es buena y el ambiente lo pide, y éste era el caso, buena música electrónica combinando estilos, desde el dance más comercial hasta house, techno y electro bastante serios, vamos, que nosotros que somos carne de discoteca ya estábamos bailando…bien, echamos un vistazo a la carta que no es otra cosa que un folio fotocopiado y a instancias del encargado pedimos 5 de las 8 raciones que hay y en tandas de dos, para de esa forma no acumular más de dos raciones a la vez. El ritmo en la cocina es frenético y los platos van saliendo con celeridad, además quien te lo prepara te lo emplata delante de ti y le lo explica a conciencia, con todo lujo de detalles. Lo que pedimos y su orden fue lo siguiente:
Cocido “Hong Kong-Madrid” con tamarindo al carbón, taro y chiles escabechados (9,5€): comenzamos con un “dim-sum”, en este caso con uno de cocido madrileño con su gallina, tamarindo y hierbabuena, con huevo de pato cocido rallado por encima. Lo mejor, el impresionante caldo, reducido, aromático, lleno de sabor, nos recordó incluso al de la excepcional ropa vieja de Pepe Rodríguez…y con eso está todo dicho. Gran comienzo.
Gambas al vapor en “ajillo de pollo”, mayonesa de ajo negro y arroz salvaje de pollo (9,5€): otro “dim-sum”, tres gambas al vapor con el marcado contraste de la mayonesa en espuma y un curioso polvo de carabinero que marcaba su sabor, quizá menos sorprendente que el anterior pero igualmente muy atractivo.
“Saam” de panceta ibérica a la brasa, condimento de mejillones escabechados y shitakes encurtidos con salsa siracha y tártara (14€): panceta cocida lentamente durante un montón de horas (como 80 nos dijeron) y terminada a fuego vivo en el wok, varias salsas, hierbas y las shitakes, todo para envolver en un fino rollo de lechuga. Mira que odiamos la lechuga, pero nos comimos los rollos y nos quedamos con ganas de más. Con eso está todo dicho. ¡Una delicia!
Espeto de pollo pekinés y bonito ahumado, tobiko, yogur pasión y 5 especias chinas (12€): sin duda el plato más arriesgado en sabores, preparado sin plato, sobre el mantel de papel plastificado. Preparado al carbón, con trozos de pepino, huevas de pez volador y cebolla morada encurtida, además del atún seco y la salsa de yogur con las 5 especias. Brutal cóctel de sabores donde encontramos casi todo y en perfecta armonía, una auténtica pasada.
“Chili Crab“ con pimentón y chipotles, palo cortado y mantou (12€): el plato fuerte y quizá la estrella del local es este cangrejo (¿nécora?) preparado en el wok con una salsa de palo cortado que le da un toque muy especial. Te ponen varias especias para acompañarlo y un par de insulsos panes chinos (donde esté un buen pan de pueblo…). Fantástico y mira que nosotros y el picante no nos llevamos bien, pero picaba solo lo justo. Lo cierto es que estos cangrejos son siempre un coñazo, demasiado trabajo para la poca carne que tienen, pero nos tiramos 20 minutos chupando patas, jeje. Buenísimo.
No hubo postre (a ver si incluyen alguno próximamente), pero luego nos tomamos un heladito al lado y un GT en la terraza y tan a gusto. Sinceramente, no esperábamos comer tan bien a pesar de las críticas tan favorables, y es que nunca nos ha apasionado este tipo de cocina, pero vaya, lo del otro día fue fantástico y de verdad nos encantó todo y en especial este ambiente canalla y desenfadado que sin duda es el santo y seña del local. Había gente que se llevaba los platos a las mesas del espacio y está bien, pero ya te sales mucho del ambiente y te pierdes bastante de su esencia. Y una cosa muy importante, cuando voy a este tipo de sitios la comida me suele repetir durante dos días, en este caso no ocurrió, algo que dice mucho.
Para beber queríamos vino y si bien no hay carta, sí que tienen expuestas las botellas que hay, tanto para pedirlas enteras como por copas y lo cierto es que había 7 en total y muy bien escogidas, tres blancos, tres tintos y un generoso. También existe la posibilidad de adquirir una botella en el espacio a precio de tienda (ECG) y te ponen tu cubitera y buenas copas, pero en esta ocasión decidimos ir por copas. Tomamos tres del austríaco Emmerich Knoll Grünner Veltliner Federspiel 2011, fresco y definido, ideal para estos platos, dos copas de Trimbach Pinot Gris Reserve 2010, exótico y especiado, igualmente muy apropiado y con el chilli crab una copa de Palo Cortado Tradición VORS 30 años, un maridaje realmente soberbio, pues pocos vinos habrá en el mundo que aguanten y realcen el sabor de este plato como esta maravilla jerezana. Las copas son de tipo tulipa y ponen una cantidad muy generosa, algo caras las de los blancos (a 4€ cada una), pero a muy buen precio la de Tradición (a 7 €). No estaría mal que tuvieran más vinos, pero siempre puede recurrirse al ECG, Champagne, Jerez y blancos centroeuropeos son ideales para estos platos.
Pues toda una sorpresa este local, es un bar, una simple barra, no nos engañemos, pero una barra llena de vida, de fuerza, de vitalidad, donde sale una cocina original y sabrosa, que no dejará indiferente, quizá se sale un poco de la filosofía enlatada o de centro comercial de este espacio pero lo cierto es que es como un oasis dentro de él donde las cosas van a otro ritmo, como dice el compañero Isaac, es bullanguera y neo-castiza, auténtica a más no poder. Volveremos sin duda, pero mejor de noche y antes de salir por ahí. Ya sales totalmente entonado y con ganas de fiesta. ¡Viva la fiesta!