Noche calurosa en los Madriles, noche que se prestaba más a cenar sentaditos en un comedor bien acondicionado que al tapeo nómada tan típico del barrio de La Latina. Tras una vueltecita por el mercado de San Miguel y una caña rápida en Cuchilleros, mi partenaire y yo arribamos a este antañón comedor ubicado en la Cava Baja...
Ambiente:
Diferenciación de espacios: barra y mesas altas a la entrada y un amplio comedor (unas 18 mesas) al fondo del local. El acomodo para cenar se produce casi inmediatamente -a pesar de ser Viernes noche y estar el local prácticamente lleno- por la joven y simpática Maitre. Local amplio y bullicioso, con predominio de público internacional (guiri); percibimos un exceso de ajetreo y ruido en sala, quizás propiciado por la insuficiente separación existente entre las dos estancias que conforman el local (barra-comedor). Las mesas vestidas con mantelería de hilo y con correcta distancia entre las mismas; buena cubertería y vajilla (copas Schott).
Comida:
Se nos toma nota de la bebida con premura y simpatía (opto por Cava y mi acompañante por agua mineral) y, a la hora de traer mi botella seleccionada, me confirman la no disponibilidad de mi elección y de nada similar en esa horquilla de precios -fastidio-; me tiro entonces recomendado por el somelier a por una copa de L'hereu de nit roseé (se da a probar primero) y empezamos el festín:
- Aperitivo: gambita en brick con reducción de modena. Empezamos mal. 2 gambitas diminutas, envueltas en fina pasta brick, faltas de temperatura y aderezadas con un brochazo de la industrial y cansina por sobreexplotada reducción de modena. Mal. Un 4.
- Parrillada de verduras con tartar de boletus. Una buena parrillada de verduras con abundantes y hermosas piezas cocinadas muy al dente, respetado perfectamente el punto de cocción de cada elemento. Llevaba calabacín, berenjena, tomate, pimiento verde y rojo y un par de trigueros. Incluía también trazas de boletus picadito en crudo que daban muy buen gusto al global de la composición. Se acompañó con un aliño de aceite y vinagre de Oleosalgado que armonizó perfectamente con la frescura del plato. Sorprendentemente buena. Un 7,5.
- Croquetas: una degustación de 6 croquetas variadas (pollo y jamón, espinacas y cabrales) guarnicionadas con un anecdótico montoncito de patatas paja. Francamente buenas todas ellas: con una bechamel bien fundente aunque firme y consistente, sabor intenso y un más que aceptable tamaño. El punto de fritura perfecto, crujientes y nada grasientas. Un 8.
- Fileteado de buey con pimientos del Padrón: unos 800g de carne de buey solicitada poco hecha, fileteada y acompañada de 4 pimientos del Padrón. Olvidamos que las patatas fritas se pedían aparte (craso error). Generosa ración de carne, perfectamente cocinada y con muy buen sabor a la que que le faltaron un par de puntos de terneza para ser perfecta. Puntualmente constatamos partes excesivamente nervudas. Un 6.
- Postre: coulant de chocolate con helado de pistacho -hay que pedirlo con 15 minutos de antelación ya que parece ser que se prepara al momento-. Muy rico la verdad, con una buena esponjosidad del bollito y una golosísima salsa de chocolate interior que hizo nuestras delicias en su conjunción con el heladito (casero) de pistacho. Para repetir y repetir. Un 8.
El total pagado fueron 74 euros por 2 entrantes (croquetas 8 euros y parrillada 11 euros), 1 principal (16 euros el fileteado de buey), 1 postre (5 euros el Coulant), dos copas del cava mencionado (a 4,8 cada una), 2 PX de Osborne (4 euros cada una), 1 Bayleys (6 euros), 1 botella de agua (3,5 euros) y el servicio de pan (1,80 euros por persona). Correcta RCP, en mi opinión.
Lo mejor: la diligencia y amabilidad del servicio; la comida, honesta y bien fundamentada; el Coulant (riquísimo).
Lo peor: sobreprecio del vino por copas y el pan, una hogaza bastante ramplona, la verdad.