Espectacular cocina, perfectamente acompañada de una bodega excepcional, con la ligera pega del local, que no está a la altura.
Menú sorpresa de 16 ó 17 platos, muy equilibrado, completo pero sin abusar, no te quedas con sensación de que te han cebado. Las raciones en su perfecto tamaño para apreciar al 100% cada uno de los diferentes productos.
Copas Spiegelau y Riedel, en función del tipo de vino. Temperaturas perfectas. Gratamente sorprendido por el nivel comedido de precio de los vinos, que invita a pedir más allá de lo que se suele pedir en un restaurante, con lo que el complemento a la comida es fantástico.
Merece la pena coger la autopìsta y meterse unos cuantos kilómetros, ya que el nivel de disfrute es máximo.
Un 10 para la comida, un 10 para la bodega, un 10 para el servicio, y un aprobado justito para el local.
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