Con sólo 9 meses de vida y ya hemos rendido visita en múltiples ocasiones. Local desenfadado, trato cordial, comida rica y precio razonable. 4 en 1, vamos. Situado en el centro neurálgico de la gastronomía dianense en los últimos años, la calle Loreto (hay que ver como es esto de las modas!) poco a poco va abriéndose paso este local entre la multitud de tascas/restaurantes, muchos ellos propiedad de un afamado empresario hostelero de la ciudad. ¿Cómo? Pues como he dicho: a base de trabajo, trato amable, cocina que funciona y precios bajos. Se puede comer en el interior o, siempre que el tiempo lo permita (prácticamente medio año, incluso por la noche) en la terraza montada en la calle.
La propuesta de la carta son tapas más bien típicas (bravas, pulpo, sepia, croquetas...) y una serie de sugerencias fuera de ella con un toque más personal, actual (que no moderno) y ambicioso. Se juega con los contrastes dulce-salado, tradicional-novedoso... Esta vez tomamos bacalao dorado (revuelto de bacalao con un pùnto de fuego y de sal acertadísimo), boquerones en tempura (de frescura destacable y con la tempura nada aceitosa), timbal de manitas de cerdo con vinagreta de lentejas (deliciosa la textura y el sabor de este plato, cocas caseras con presa ibérica (masa tradicional levantina con una especie de pisto de verduras y una porción considerable de presa) y postre de chocolates (brownie y mousse con cremas de calbaza, café, helado de leche merengada...). Todos los platos dan el nivel. Mencionar y recomndar de otras visitas la lasagna de queso, el carpaccio de gambas... La vajilla y las presentaciones muy atractivas y sugerentes y es aquí donde se nota la excelente formación y el bagaje profesional del equipo de cocina (Al Vent, Idíl·lic, casa Pepa en Ondara, Hotel Los Ángeles...).
La carta de vinos es escueta pero con referencias interesantes. Tomamos un Koden de bodegas Luis Alegre que no conocía por recomendación del servicio y nos gusto mucho.
Lugar recomendable, pues. Uno más en Dénia y ya van unos cuantos.