Tiempo de comuniones y riesgo evidente de que alguien te invite a una de ellas y tener que ir sin demasiadas ganas. No fue el caso. Para nada. Era un buen amigo quien invitaba y, además, uno no tiene la suerte todos los años que el banquete se celebre en un restaurante “estrellado”. Estábamos citados para comer en Casa Pepa, un lugar que cuenta con el reconocimiento de la Guía Roja desde hace ya muchos años. Con el paso del tiempo uno va valorando más el privilegio de contar en su pueblo natal con un local de ese nivel y se va dando cuenta que ello contribuye a una mayor popularidad del municipio.
Desde que se aparca el coche, todo cuanto uno se va encontrando es bonito, agradable: los huertos de naranjos que rodean las instalaciones, el jardín de olivos y césped junto al restaurante, el acceso al mismo rodeado de plantas y macetas, la amplia terraza con sus mesas elegantemente vestidas, el inmueble con una marcada línea de las antiguas casa de labranza mediterráneas… La sala es amplia y luminosa y está concebida como una prolongación de la terraza. ¿O es al revés? Una y otra comparten el envigado del techo y la cobertura de follaje de la vid (natural en el exterior, simulada en el interior). Solo una delicada pared de cristal separa una de otra y, además, ésta, que es corredera, se deja abierta gran parte del año debido a la benevolencia del clima cosa que convierte salón y terraza en un solo espacio. Mesas bien vestidas, vajilla blanca y copas de nivel.
El menú, evidentemente, estaba acordado. Empezamos con unos riquísimos panecillos caseros acompañados con aceite Ma’Shara seguidos de:
- Gamba roja de Dénia con cremoso de remolacha y jengibre y apio en tempura: Buena la crema y buenísimo el marisco. Su “matrimonio”, sin embargo no me aportó nada especial. Sin llegar a aquello de “conseguir algo malo a partir de dos cosas buenas”, no entendí la combinación de ambos. La gamba de calibre considerable y un punto de hervor sublime. Ricos también los “sticks” de apio tempurizados.
- Coca con berenjena ahumada, “capellà” asado y espuma de piquillo: Masa bien trabajada en cuanto a textura y punto y presencia muy marcada de los toques ahumados tanto en el pescado (bacaladilla seca) como en la berenjena. Un bocado excelente para abrir el apetito y un guiño a la tradición y el arraigo, líneas maestras en esta casa.
- Pulpo confitado y asado con jugo de moscato: Cremoso de patata en el fondo del plato y, sobre éste, unos deliciosos y generosos trozos de pata de pulpo con una textura impresionante y un sabor intenso. Bocados para el recuerdo.
- Déntol con guisantes, espárragos blancos y berberechos: La propuesta de Casa Pepa viene marcada, junto el respeto a la tradición, por otras dos directrices más de las que este plato podría ser el mejor ejemplo: la selección del producto y el respeto al mismo. Tanto el pescado de roca, como las verduras y el molusco de una calidad excepcional y con un mínimo tratamiento que permite el disfrute máximo de las texturas y sabores que unos y otros aportan: sabores nítidos, punzantes, puntos óptimos… Un plato de escuela de cocina.
- Paletilla de cordero lechal: Nuevamente destaca el producto y su excelente preparación: un poco crujiente por fuera pero tierno, muy tierno, en su interior. Las “lascas” se separan fácilmente, sólo con el tenedor, sin tener que ayudarse del cuchillo. Buen colofón a la parte salada.
- Infusión de fresa, su tartar y helado coco: Postre refrescante que se agradece pues llegamos a tope después del menú. La sopita de fresas, aunque clarificada, está dulce y sabrosa. En ella “nadan” los trocitos de esa misma fruta y se corona el plato con una esfera del helado de coco que combina a la perfección con el fondo.
Para acompañar el menú nos sirvieron Blanco Nieva, un verdejo digno, y Pasión de Bobal, vino que no había tenido la ocasión de probar: frutal, fácil de beber… Vinos adecuados al local (se salen un pelín de la “gama básica”) y válidos para una celebración así ya que son de aquellos que gustan a todos. El local dispone de una gran cava acristalada con referencias de renombre.
En definitiva, un día redondo con una muy buena compañía, un entorno encantador y un menú muy rico. Para recordar, como debería ser en todas y cada una de las celebraciones que nos vamos encontrando en la vida.
Infusión de fresas, su tartar y helado de coco
Déntol con guisantes y berberechos
Coca con berenjena ahumada y capellà
¡Cómo mantienen el nivel también en los banquetes! ¿eh?
He tenido la ocasión de asistir a banquetes en algunos estrellados y el menú nada tenía que ver con lo que ofrecen en su restaurante gastronómico... Supongo que todo dependerá del menú que escojan los novios.
Respecto a los vinos, plenamente de acuerdo contigo, vinos de gama básica, pero escogidos con criterio, de cierta calidad.
Por lo que leo, Toni, un acierto de celebración. Y además en un bonito entorno. Me gustaaaaaa
No hay escapatoria. Algún día nos tendrás que llevar a conocer Casa Pepa ;-P
Esta era con número reducido de invitados: familiares allegados y amigos íntimos. Aún así se agradece mucho.
¿En un encuentro de restauranteros?
O cuando sea! Es tu territorio comanche... allí ya mandas tú ;-P
Estoy con Fer, como Ca Toni ninguno...!
Era casi una afirmación. El día que nos toque visitar mi zona, éste es uno de los que más opciones tiene.
Ah vale! Que no lo había pillaoooo, jejeje!!
Aceptamos pulpo!
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.