El restaurante deja mucho que desear; fuimos movidos por una recomendación que vi en internet como el mejor restaurante del Perellonet y resultó ser una estafa.
El menú infantil es vergonzoso (la verdad esque esto ocurre mucho en Valencia). Tardaron muchísimo en servir, (sólo estábamos 3 mesas), los entrantes en cantidades pequeñas, a las 15:30h de un sábado de julio no tenían pan preparado y nos lo sacaron recién horneado, a medias de cocer; por lo que no pudimos comer con el pan porque te quemabas. El arroz pasado, y que te sirvan un arroz pasado en una arrocería....aquí si diría que en cantidad no escatimaron, lo único bueno.
y para terminar los postres tales como flan, natillas, etc a 5 € y una porción pequeña.
A la vista de los comentarios de Juan Such, veo que la cosa ha cambiado con el tiempo. Pese a ser un restaurante familiar, en el que prima la solera de esta familia, las nuevas generaciones se han sabido adaptar, al menos ligeramente, a las exigencias del mercado actual.
El restaurante es antiguo, con un cierto toque decadente que, sin ser atractivo, tiene un cierto encanto, con ese regustillo demodé que, personalmente, no acaba de molestarme.
Habíamos reservado mesa y el arroz estaba pedido, un caldero de meloso de carranc (cangrejo en valenciano), muy rico de sabor, aunque un punto pasado el arroz. Es posible que saliera a la mesa con mejor cocción y el tiempo que permaneció en el caldero, lo pasara. No obstante, buen sabor y no excesivamente pasado.
De entrantes tomatos las patatas Amparín, al parecer un reputado plato de este restaurante que se elabora desde hace años y años. Se trata de una patata horneada rellena de carne picada, con ajoaceite por encima, formando una pequeña costra. Lo cierto es que me encantó esta sencilla pero rica preparación. Las puntillas que tomamos muy buenas, sin excesos de rebozados ni aceites.
Postres caseros, de los que tan solo probé una calabaza asada con miel, nueces y nata, muy rica.
La carta de vinos tiene referencias muy interesantes, acumula algunas referencias poco atractivas del pasado, pero lo cierto es que tiene un aire fresco y renovado por la joven sumiller del local (también de la familia). Bebimos el Perro Verde en copas bastante decentes y acabamos con unos gin-tonics de Mombasa con Fever-Tree.
Buena opción si te encuentras por la zona y quieres comer un arroz cerca de la albufera. Disponen de una sala enorme para niños con una animadora.
Sencillo restaurante situado cerca de la playa del Perelló. El fuerte aquí son los arroces. Al menos el arroz a banda estaba muy correcto y sabroso. De entradas, típicas tapas valencianas de irregular calidad. Carta de vinos corta y con las típicas referencias en la hostelería de playa. Al final optamos por tomar cava (Anna de Codorniu, por 12 euros). Una opción interesante sobre todo cuando se va con niños (que pueden jugar en un jardín exterior) y sin ganas de complicarse mucho la vida.
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