Restaurante ubicado en la planta baja de una casa de estilo antiguo, con las mesas en habitaciones. Esta parte me parece bien, ya que tienes buena distancia entre mesas y por tanto intimidad. Mi mesa en concreto estaba donde almacenan los vinos, pero lamentablemente no tenía frio, por tanto debíamos estar a unos 22-25ºC.
Pedimos menú degustación, para mi gusto no está adaptado a estas fechas veraniegas, muy pesado y grasiento. En concreto dos platos no me parecieron acertados, la Olleta de Morella en texturas, estaba buena, pero pesada. Y la lubina con salsa de setas y pie de cerdo... me la comí por partes, porque ese acompañamiento mataba por completo el sabor de la lubina. El milhojas de boquerones y berenjena muy bueno. El ciero estaba bien, y el bizcocho de manzana sobre una sopa de requeson también, pero al sacarte al final el chocolate en 6 texturas ya te matan. Demasiado, hay que controlar los menus degustación para no empachar a los clientes.
La carta de vinos no estaba mal, no muy amplia pero variada. Buenas copas, pero el vino no estaba en armario climatizado, y se notaba, fallo gordo. Buenos vinos para postre un Tokaji de morirse (nos invitaron).
Tienen una carta de cafés, infusiones y copas para el final.
El trato del personal de sala correcto, pero frio. En general no me convenció mucho el restaurante, 120€ los dos con vino (Dos copas de cava y Calzadilla).
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