El local y el estilo del mismo, es igualito al anterior, La LLuerna. Pero la carta es otra. Mucho mejor propuesta. Divertida y temática, justo por este orden.
La carta de vinos es infinitamente más escueta, volviéndolo a comparar. Pero es que han querido plasmarlo todo desde una informalidad que al final, por calidad y originalidad, resulta más formal.
Esta comparativa, por muy odiosa que sea, es motivo de que la persona que se ocupa de esta nueva aventura es la misma. Y sobre todo, porque en aquella vez yo me quedé en un "ni fú, ni fá". Sea justo reconocer ahora el acierto.
Practicamente vacío en esa noche, tan sólo 2 ó 3 mesas más. Atención con atenciones por parte de la persona que nos sirvió. No se quien es, pero parecía por un momento controlar, y por otro verse en la necesidad de preguntar. En cualquier caso, solícito y resolutivo.
No entraré en detalles de decoración, pues no vi cambio alguno.
Nos sacaron como detalle de bienvenida un platito con tres entrantes diferentes, tocándome en suerte una especie de canelón de espinaca muy gomoso. Y no se si papas, porque como ultimamente sueño con ellas...
Nos decantamos por lo siguiente y en el siguiente orden, marcado precisamente por esta persona:
- Falafel de garbanzos con crema de berenjenas. Unas bolas (4 unidades) de pasta de garbanzo, con algún que otro trozo, rebozadas con pan rallado y especias, sobre un pure frío de berenjena. Un plato para mi original, pero no tanto para mis acompañantes, hechos a comerlos en algún que otro kebap.
- Ceviche de caballa. El mejor de todos los probados. Una nota muy alta para él. Rodajas perfectas de caballa marinada con el crujir de la cebolla cruda y cubierto todo por unos pequeños brotes.
- Steak Tartar. Ahí estaba yo, comiendo un plato que no hace mucho te tiraría por encima de la cabeza y que hoy, lo encuentro exquisito cuando logicamente tiene esta preparación. Y eso que el corte era grueso. La yema del huevo servida aparte para que la pongas si quieres. Se puso, se puso...
Como observación sin más... o con más, ya no veo coger dolor de muñeca a los camareros ¿nadie lo prepara ya en el acto?.
- Fish and chips. Servido en un cucurucho de papel, tal y como parece que se lo comen los ingleses mientras pasean por el parque. Unos buñuelos de bacalao tierno con un rebozado crujiente, junto a unas patatas fritas. Me gustó, aunque ¡Viva Alfredo Landa!
- Tabla de quesos variados. Comté, Cabrot (tu padre), Vega de Sotuélamos romero, Don Picón y Stilton. Todos buenísimos, pero el inglés estaba arrogante el muy hijo de la Gran Bretaña.
- Creme brulee y tiramisú para compartir. Buenos ambos, pero mejor el segundo.
Cafés y té para después (invitación)
Cena acompañada por una botella de Bolo D.O. Valdeorras y dos copas por barba de Crego e Monaguillo D.O. Monterrei. Invitación a la segunda ronda de este vino que tengo que decir, nos gustó más que el primero. Compromiso que adquirió el camarero al servir la última copa del último comensal en inferioridad tras acabarse la botella en ese preciso momento. Gesto desinteresado que logicamente agradecimos.
Chupitos de limoncello y orujo blanco para el final (invitación)
Repaso geográfico y gastronómico con éxito sin formalismos.
En cuanto vayas tres veces más, te concocerás su carta sin más.