Mesa de ocho comensales y para no pensar pedimos menú degustación. Todo lo tomado correcto pero sin sorprender. Ostra cruda, ensalada verde, “ding-sung”, rollito de pato, lubina en laminas con setas y solomillo con verduras. El postre quizás algo más flojo, helado de menta y pastel de chocolate. Cocina oriental ya muy domesticada al gusto europeo.
Para beber un riesling (en su cubitera) y Cune Imperial Reserva (decantado) ambos servidos en una cristalería apropiada (sin pasarse). La carta de vinos corta pero cubriendo lo más básico en cuanto a zonas, blancos, tintos y espumosos.
Para acabar cafés, gin tonics y algún “digestivo”. Total 50 euros por persona. RCP normal teniendo en cuenta que la casa invito a una botella de champan para celebrar la Navidad. El personal muy diligente y atento pero deberían cambiar los cubiertos a lo largo de la cena.
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