La verdad que ir a cenar a Thalassa, resulta una pequeña excursión, pero siempre que he ido ha merecido la pena. Viernes noche, fiestas en Viver y solos en el restaurante. Circunstancia que en ocasiones resulta incómoda pero en este acogedor local lo sentimos como un privilegio.
Lo reducido de la carta, lo consideramos una ventaja a la hora de pedir ya que siendo pocos platos, pero sonando todos tan bien, se hace fácil la elección. Pedimos un par de entrantes inmejorables, las croquetas de boletus y una ensalada de microvegetales, que además de sabrosa, nos resultó curiosa, ya que hasta el momento solo habíamos tomado microvegetales como guarnición o acompañamiento de algún plato. Los platos principales también muy bien, tanto la longaniza con trufas, como el bacalao al pil-pil, de naranja, aunque de este último nos pareció excesivo el precio (22 teniendo el cuenta el tamaño de la ración (22 €). En cuanto a los postres destacar el Coulant de chocolate, simplemente perfecto.
Aunque notamos claramente la subida de precios, en relación con visitas anteriores, la experiencia fue una vez más gratificante, y seguro volveremos.
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