Picota oscuro con ribete amoratado. Limpio y brillante. Muy cubierto.
Fragante. Fruta roja y negra, regaliz, balsámicos, café, chocolate con leche y una buena dosis mineral.
Boca armada y juvenil, con esa madera marcada tan peculiar en los vinos de Mariano García, astringente y con una gran acidez que soporta los más de 14º de alcohol. Paso aterciopelado y carnoso. Sabores primarios que dejan notas a fruta carnosa, especias, humedad, balsámicos, tabaco rubio y piedras.
Final potente y duradero.
Hablar de San Román es hacerlo del Toro que más me gusta. Siempre estable y siempre con ese marchamo de opulencia y distinción. Me gustaría probarlo con ocho o diez años.