Y un santo fino, suave, un Toro de los que se guardan en la memoria, un vino de sensaciones, que desde que lo abres sabes que estás ante un grande, un vino irrepetible.
La botella es espartana, con una etiqueta muy simple, pero es que lo importante está dentro. Y te llega al alma, porque es un vino para sentirlo, con un aroma de fruta madura que te impregna el ambiente, unos tostados que están totalmente integrados, un cacao, café, unas puntas de chocolate con leche, balsámicos, alegría, intensidad, disfrute.
En boca te remata, porque es fino, elegante, complejo, fuera de las potencias exageradas, pero nada carente de cuerpo. esa fruta, esos tostados, acidez, balsámicos, taninos... bailan al son que marca el compositor para hacer de este vinazo una obra de arte atemporal, inolvidable, eterna. Y su longitud hace que ese momento sea un escándalo.
Un vino para beber, para disfrutar, para sentir y, sobre todo, para compartir.
esto me recuerda que tenemos un SR viejuno pendiente...
Pues ya comtaréis qué tal envejecen, porque materia prima parece que tenga y de mucha calidad.
Un saludo!
Los vinos de Mariano envejecen todos de miedo, están pensados para eso, y se nota cuando pruebas por ejemplo un Mauro "básico" de los años 80. Vinos con garra que van ganando finura en botella
A mi Mauro fue de los primeros vinos que me "impactó" y del que tengo ganas de repetir. Igual me hago con un par de botellas y me "olvido" de una durante una temporada!
Mariano García y su equipo es que trabajan de lujo.
A ver cuándo lo abrimos, estoy seguro de que saldrá muy bueno...
Utilizamos cookies propias y de terceros con finalidades analíticas y para mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias a partir de tus hábitos de navegación y tu perfil. Puedes configurar o rechazar las cookies haciendo click en “Personalizar”. También puedes aceptar todas las cookies pulsando el botón “Aceptar”. Para más información puedes visitar nuestra Ver política de cookies.