De color caoba. Limpio y brillante.
Aromas muy armoniosos que denotan vejez y clasicismo. Naranja amarga, anises, frutos secos, cloro, pimienta blanca, azúcar de caña, pólvora, desván y piedras.
Boca muy compleja, aún más que la nariz. Perfecto equilibrio entre longitud, madurez y elegancia, ha perdido toda la fiereza que en algún momento tendría este Montilla de Pérez Barquero. Paso redondo, (una redondez subida de volumen en todos los aspectos pero con todo bien compensado). Frescura, alcohol y sabores punzantes. Además de lo mencionado en la fase anterior, detectamos caramelo, yodo y botica.
Final inmenso.
Una joya de oloroso. No lo considero un vino de meditación, pues es de trago largo por su encomiable balance. Muy polivalente, ha acompañado fielmente a un foie y se ha comportado majestuosamente con un tocinillo de cielo.
Aún me queda otra, con esa esperaré unos años.
Un abrazo,
ayyy madre... es que con esos vinillos que bebes ultimamente no podía pasar otra cosa, se veía que traería funestas consecuencias
que has abierto este vinazo en formato media botella y te has dejado la mitad??? mal, muy mal Juan
Los malos vinos debilitan y envilecen el alma. Me estoy corrompiendo rápidamente, ya me lo advirtió Eugenio, pero no lo quise ver. Aunque creo que ya es tarde y no hay perdón para mis pecados, rezad mucho por mí. ;-)
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